El Taller de Coquelicot nace de la necesidad de parar

El Taller de Coquelicot nace de la necesidad de parar

Durante mucho tiempo sentí que iba rápido.

Haciendo, cumpliendo, llegando a todo…
pero sin darme cuenta de que me estaba dejando a mí en segundo plano.

Y en medio de ese ritmo, entendí algo importante:
no necesitamos grandes cambios para empezar a cuidarnos.

Necesitamos pequeños espacios donde parar y escucharnos.

Durante mucho tiempo sentí que iba rápido.

Haciendo, cumpliendo, llegando a todo…
pero sin darme cuenta de que me estaba dejando a mí en segundo plano.

Y en medio de ese ritmo, entendí algo importante:
no necesitamos grandes cambios para empezar a cuidarnos.

Necesitamos pequeños espacios donde parar y escucharnos.

Durante mucho tiempo sentí que iba rápido.

Haciendo, cumpliendo, llegando a todo…
pero sin darme cuenta de que me estaba dejando a mí en segundo plano.

Y en medio de ese ritmo, entendí algo importante:
no necesitamos grandes cambios para empezar a cuidarnos.

Necesitamos pequeños espacios donde parar y escucharnos.

La maternidad, el trabajo y el día a día hicieron que ese ritmo se volviera aún más intenso.

Y fue ahí donde empecé a darme cuenta de algo:
no podía seguir viviendo hacia fuera sin atender lo que pasaba dentro.

Necesitaba volver a mí.
 

 

La maternidad, el trabajo y el día a día hicieron que ese ritmo se volviera aún más intenso.

Y fue ahí donde empecé a darme cuenta de algo:
no podía seguir viviendo hacia fuera sin atender lo que pasaba dentro.

Necesitaba volver a mí.
 

 

La maternidad, el trabajo y el día a día hicieron que ese ritmo se volviera aún más intenso.

Y fue ahí donde empecé a darme cuenta de algo:
no podía seguir viviendo hacia fuera sin atender lo que pasaba dentro.

Necesitaba volver a mí.
 

 

Y empecé a buscar formas de hacerlo.

No desde la exigencia.
No desde hacerlo “perfecto”.

Sino desde pequeños momentos.

Momentos de parar.
De crear.
De escucharme.

Y empecé a buscar formas de hacerlo.

No desde la exigencia.
No desde hacerlo “perfecto”.

Sino desde pequeños momentos.

Momentos de parar.
De crear.
De escucharme.

Y empecé a buscar formas de hacerlo.

No desde la exigencia.
No desde hacerlo “perfecto”.

Sino desde pequeños momentos.

Momentos de parar.
De crear.
De escucharme.

Ahí fue donde encontré algo que cambió mi forma de cuidarme.

Crear con las manos.
Trabajar con flores.
Estar presente en lo que hago.

Porque cuando creas, pasan cosas.

Te calmas.
Te escuchas.
Te expresas sin tener que explicarlo todo.
Ahí fue donde encontré algo que cambió mi forma de cuidarme.

Crear con las manos.
Trabajar con flores.
Estar presente en lo que hago.

Porque cuando creas, pasan cosas.

Te calmas.
Te escuchas.
Te expresas sin tener que explicarlo todo.
Ahí fue donde encontré algo que cambió mi forma de cuidarme.

Crear con las manos.
Trabajar con flores.
Estar presente en lo que hago.

Porque cuando creas, pasan cosas.

Te calmas.
Te escuchas.
Te expresas sin tener que explicarlo todo.

No se trata de aprender a hacer algo bonito.
Se trata de darte un espacio.

De bajar el ritmo.
De salir del ruido.
De volver a ti.

No se trata de aprender a hacer algo bonito.
Se trata de darte un espacio.

De bajar el ritmo.
De salir del ruido.
De volver a ti.

Así nace El Taller de Coquelicot.

Un espacio donde la creación se convierte en una forma de autocuidado.

Donde no importa el resultado,
sino lo que ocurre mientras haces.

Un lugar para parar,
expresarte
y volver a ti.

Así nace El Taller de Coquelicot.

Un espacio donde la creación se convierte en una forma de autocuidado.

Donde no importa el resultado,
sino lo que ocurre mientras haces.

Un lugar para parar,
expresarte
y volver a ti.

Así nace El Taller de Coquelicot.

Un espacio donde la creación se convierte en una forma de autocuidado.

Donde no importa el resultado,
sino lo que ocurre mientras haces.

Un lugar para parar,
expresarte
y volver a ti.